Qué comer y beber durante la recuperación tras una cirugía plástica

Una alimentación equilibrada, rica en proteínas, vitaminas, minerales y líquidos, aporta nutrientes esenciales para la reparación tisular y puede favorecer una recuperación posoperatoria más fluida.

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Qué comer y beber durante la recuperación tras una cirugía plástica

22 de julio de 2026. La nutrición desempeña un papel relevante en la recuperación después de una cirugía plástica, junto con el seguimiento de las indicaciones del cirujano, el descanso y el movimiento moderado. El organismo necesita energía y nutrientes para reparar los tejidos. Si la alimentación no cubre esas necesidades, la cicatrización puede ralentizarse, aumentar la inflamación y elevarse el riesgo de infección u otras complicaciones posoperatorias.

La proteína es uno de los nutrientes prioritarios durante esta etapa. Sus aminoácidos participan en la reparación de los tejidos y en la síntesis de colágeno. Cuando el aporte es insuficiente, el organismo puede utilizar la proteína disponible como fuente de energía en lugar de destinarla a la cicatrización. Katerina Gallus, MD, FACS, recomienda combinar una ingesta adecuada de proteínas con una dieta equilibrada y abundante en frutas y verduras.

Entre las fuentes proteicas citadas por los especialistas se encuentran el pollo, el pescado, la carne magra de vacuno, los huevos, el marisco y los lácteos. Los yogures enriquecidos con proteínas y el yogur griego bajo en grasa pueden facilitar el aumento de la ingesta. El caldo de huesos también aporta líquidos, proteínas y aminoácidos. Para completar la alimentación, se aconseja priorizar frutas y verduras variadas y sustituir los carbohidratos refinados, como la pasta y el arroz blancos, por cereales integrales.

Josef Hadeed, MD, FACS, señala además la importancia de la vitamina C, el zinc y los ácidos grasos esenciales. La vitamina C interviene en la síntesis de colágeno, mientras que el zinc contribuye a la función inmunitaria. Por su parte, los ácidos grasos esenciales participan en la reparación de las membranas celulares y ayudan al organismo a absorber las vitaminas liposolubles. Las bayas, los alimentos coloridos de origen vegetal, los frutos secos, el edamame, las semillas de lino y algunos pescados grasos, como el salmón, pueden aportar parte de estos nutrientes.

Algunos alimentos se han relacionado con el control de la inflamación, los hematomas y la hinchazón durante el posoperatorio. Entre ellos figuran los alimentos ricos en omega-3, la cúrcuma, el jengibre y los productos con bromelina, como la piña o su zumo. Gallus menciona específicamente la piña por su posible utilidad frente a la inflamación. No obstante, los especialistas sitúan estos alimentos dentro de una dieta equilibrada y no como sustitutos del seguimiento médico.

Los suplementos requieren una revisión individual antes de la intervención y durante la recuperación. Hadeed advierte de que la vitamina E, el ginkgo biloba, el ajo, el ginseng y el aceite de pescado pueden incrementar el riesgo de sangrado. Gallus recomienda informar al cirujano de todos los productos sin receta que se estén tomando, ya que algunos pueden interferir con la anestesia o la coagulación y quizá deban suspenderse antes de la cirugía. El artículo también menciona la arnica, la bromelina y los probióticos como suplementos que podrían desempeñar un papel de apoyo frente a los hematomas, la hinchazón o la alteración de la flora intestinal, siempre bajo valoración profesional.

La hidratación completa las necesidades del organismo durante la recuperación. Los líquidos favorecen la digestión y la circulación, y pueden contribuir a reducir el riesgo de problemas renales y coágulos. El agua es la principal opción, aunque también pueden incorporarse agua de coco, infusiones, bebidas con electrolitos y caldo de huesos. En verano, las temperaturas elevadas aumentan el riesgo de deshidratación, especialmente si el paciente retoma los paseos u otras actividades indicadas por el cirujano. Josef Hadeed subraya la importancia de reponer líquidos y electrolitos para mantener el equilibrio celular y regular la presión arterial.

La cantidad necesaria depende de factores como la estatura, el peso y el nivel de actividad. Como referencia, Katerina Gallus señala que las mujeres deberían consumir 11,5 tazas de líquidos al día, incluyendo el agua, con necesidades superiores durante el embarazo, la lactancia, el ejercicio intenso o la exposición a un ambiente caluroso. Fuente: American Society of Plastic Surgeons.