Martes, 30 de junio de 2026. Una revisión publicada en el número de julio de Plastic and Reconstructive Surgery sugiere que la toxina botulínica tipo A podría tener utilidad en la prevención y el tratamiento de determinadas cicatrices, además de su uso habitual en la reducción de arrugas. El trabajo analizó 19 estudios centrados en cicatrices anómalas y observó mejoras en su apariencia y en la satisfacción de los pacientes.
La revisión incluyó cicatrices hipertróficas, que son gruesas y elevadas, y queloides, que pueden extenderse más allá de los límites de la herida original. Según el estudio revisado, alrededor de 11 millones de personas desarrollan cada año este tipo de cicatrices. Pueden aparecer después de intervenciones quirúrgicas o traumatismos y, además de su impacto estético, limitar el movimiento y afectar a la calidad de vida, según la zona en la que se formen y su evolución.
Carlos Zavaleta-Corvera, MD, MSc, MRes, de Universidad Científica del Sur, en Lima, Perú, y autor principal del estudio publicado en Plastic and Reconstructive Surgery, señaló que la toxina botulínica tipo A parece una herramienta prometedora para prevenir cicatrices y mejorar su calidad. La revisión apunta a que su posible efecto se relaciona con dos mecanismos.
Por un lado, la toxina relaja la musculatura cercana y reduce la tensión o tracción sobre la herida. Por otro, podría disminuir la inflamación, favoreciendo una cicatrización más uniforme. La combinación de ambos efectos podría contribuir a mejorar el aspecto de las cicatrices y reducir su anchura. Su posible interés sería especialmente relevante en áreas sometidas a mucho movimiento, como la cara, el cuello, el tórax, el abdomen o la zona alrededor de los ojos.
La toxina botulínica tipo A no cuenta con la aprobación de la FDA específicamente para el tratamiento de cicatrices, por lo que este uso es off-label. En los estudios revisados, los efectos adversos fueron mínimos e incluyeron dolor durante la inyección, picor y cefaleas. No obstante, los pacientes deben consultar con su médico sus antecedentes antes de valorar este abordaje. Las personas con enfermedades neuromusculares o con problemas para tragar o respirar podrían presentar complicaciones.
El análisis también plantea que la toxina botulínica tipo A podría ser una alternativa con un coste menor frente a otros tratamientos para las cicatrices recientes, especialmente en pacientes con predisposición a desarrollar cicatrices anómalas. La estrategia podría utilizarse como un primer paso para mejorar su evolución y complementarse posteriormente con otras opciones si fuera necesario.
Como referencia económica, el ASPS Plastic Surgery Statistics Report de 2023 situó en 435 dólares el precio medio de las inyecciones de toxina botulínica tipo A, mientras que los tratamientos de resurfacing cutáneo, incluidos los láseres, alcanzaron los 1.829 dólares de media. La tarifa media de la toxina representó aproximadamente el 24% de la correspondiente al resurfacing, cerca de un 75% menos. El coste final puede variar según la cantidad empleada, la localización de las inyecciones y la necesidad de repetir las sesiones.
Los pacientes y los médicos mostraron satisfacción con los resultados en los estudios analizados. La mayoría de los pacientes experimentó una mejora del aspecto de las cicatrices, aunque el grado de respuesta no fue uniforme. La revisión concluyó que la toxina botulínica tipo A podría mejorar la calidad de las cicatrices, reducir su anchura, prevenir cicatrices anómalas y aumentar la satisfacción sin efectos adversos graves en los trabajos evaluados.
Los autores consideran que la toxina botulínica tipo A es una opción prometedora y segura, aunque subrayan la necesidad de realizar más investigaciones. Carlos Zavaleta-Corvera, MD, MSc, MRes, prevé desarrollar nuevos estudios que permitan establecer recomendaciones más precisas para su aplicación en el tratamiento de cicatrices.
Fuente: American Society of Plastic Surgeons, “More than a wrinkle reducer, botulinum toxin type A may also improve scars”.