18 de agosto de 2026. La cirugía plástica facial está ganando aceptación entre los hombres, que recurren cada vez más a procedimientos de rejuvenecimiento para ofrecer una imagen descansada, mantener su presencia profesional y reflejar mejor cómo se sienten. Según la American Society of Plastic Surgeons (ASPS), el objetivo suele alejarse de las transformaciones evidentes y centrarse en mejoras sutiles que conserven los rasgos masculinos.
El aumento del interés se produce en un contexto de menor estigma hacia los tratamientos estéticos. Los cirujanos consultados por la ASPS relacionan esta evolución con una mayor exposición de los hombres a su propia imagen a través de videollamadas, reuniones online, redes sociales, fotografías y vídeos. También contribuye que otros hombres hablen abiertamente de sus tratamientos y muestren resultados naturales.
La demanda varía según la edad y las preocupaciones de cada paciente. Los hombres más jóvenes pueden consultar por una rinoplastia, tanto por motivos estéticos como respiratorios. Entre los 35 y los 50 años, los neuromoduladores y los rellenos forman parte de las opciones más habituales, mientras que los mayores de 50 años muestran un interés creciente por la cirugía de los párpados, el lifting facial y el lifting cervical.
La blefaroplastia figura entre las intervenciones faciales más solicitadas. El envejecimiento puede manifestarse mediante la caída de la piel del párpado superior, así como por bolsas o exceso de volumen en el párpado inferior. En algunos casos, la caída palpebral también puede afectar al campo visual, por lo que la valoración médica debe determinar si la indicación es estética, funcional o combina ambos aspectos.
La planificación de una blefaroplastia masculina no consiste en aplicar el mismo esquema utilizado en pacientes femeninas. La posición de la ceja, el pliegue palpebral y la cantidad de tejido que se conserva deben ajustarse a la anatomía y a las expectativas del paciente. La ASPS destaca la importancia de mantener una ceja más baja y llena, un pliegue natural y cierto grado de volumen o caída que evite una apariencia excesivamente abierta o feminizada.
En el párpado inferior, la reducción de la hinchazón y de la protrusión de grasa puede contribuir a una apariencia menos cansada. Sin embargo, una modificación demasiado intensa del ángulo o de la forma del ojo puede alterar el carácter del rostro. Por este motivo, muchos hombres prefieren conservar parte de las líneas de expresión y del movimiento natural de la frente, incluso cuando utilizan neuromoduladores.
En el lifting facial masculino, las prioridades suelen concentrarse en definir la línea mandibular y el cuello, reducir la laxitud y reforzar el mentón sin generar un resultado excesivamente tensado. Frente a otros objetivos de rejuvenecimiento, que pueden buscar más volumen en la zona media del rostro o unas mejillas más pronunciadas, los pacientes masculinos suelen preferir una mandíbula y un cuello más marcados, una frente más plana y una apariencia natural.
La diferencia anatómica también condiciona la estrategia quirúrgica. El grosor de la piel, la presencia de vello facial y la distribución de la línea de implantación capilar son factores que deben considerarse durante la planificación. A estas variables se suman las expectativas sobre el tiempo de recuperación, la reincorporación al trabajo y la posibilidad de obtener un resultado descansado sin que el cambio resulte evidente.
La evolución de las técnicas hacia resultados menos artificiales está favoreciendo una mayor aceptación social de la cirugía facial masculina. Para estos pacientes, el rejuvenecimiento no implica necesariamente eliminar todos los signos de edad, sino recuperar definición y frescura manteniendo los elementos que caracterizan su rostro.
Fuente: American Society of Plastic Surgeons, “Beyond the facelift: How facial plastic surgery is changing for men”.