La American Society of Plastic Surgeons aborda, en un artículo publicado el 18 de septiembre de 2026, el impacto de las imágenes faciales generadas o intensamente editadas con inteligencia artificial en las consultas de cirugía estética. Estas imágenes muestran con frecuencia piel sin poros, simetría extrema, narices muy pequeñas y mandíbulas marcadas, y pueden convertir una versión digitalmente perfeccionada del propio paciente en un objetivo quirúrgico.
Brian Pinsky, MD, FACS, y Jonathan Schwitzer, MD, señalan que estas imágenes pueden ayudar a identificar qué elementos atraen al paciente, pero advierten de que no deben confundirse con resultados previsibles. La anatomía ósea, el cartílago, el grosor de la piel, la cicatrización y la función respiratoria establecen límites que un algoritmo no tiene que considerar.
Según los especialistas, la simetría perfecta y la ausencia de textura cutánea son algunos de los rasgos que pueden delatar una imagen generada o modificada. En cirugía facial, el objetivo suele ser mejorar el equilibrio y mantener un resultado natural, ya que perseguir una simetría absoluta puede generar una apariencia menos armónica.
La rinoplastia requiere especial atención porque la nariz ocupa una posición central en el rostro y es fácil de alterar digitalmente. Las imágenes generadas por IA pueden aplicar una nariz idealizada sin tener en cuenta la estructura ósea, el grosor de la piel o la anatomía interna, además de priorizar la estética sobre aspectos funcionales como el flujo de aire y la válvula nasal.
Para valorar una imagen de referencia poco realista, Pinsky propone identificar qué aspecto concreto busca el paciente, como una nariz más recta, una punta más definida o un mayor equilibrio facial. Schwitzer plantea comparar esos elementos con la anatomía real del paciente para determinar si son técnicamente viables, explicando los límites quirúrgicos de forma honesta, informativa y empática.
Los cirujanos también expresan preocupación por la exposición continuada a rostros editados, filtrados o generados artificialmente, especialmente entre los pacientes más jóvenes. La repetición de estas imágenes puede convertir rasgos digitales en una referencia de normalidad o atractivo y difuminar la diferencia entre una aspiración estética y un resultado anatómicamente posible.
Fuente: plasticsurgery.org.