La reconstrucción mamaria puede contribuir a recuperar la imagen corporal y la sensación de feminidad después de una mastectomía. La American Society of Plastic Surgeons señala que las opciones deben adaptarse al tipo de cáncer, la anatomía, el momento vital y las preferencias de cada paciente, en coordinación con los cirujanos de mama.
Una de las alternativas es la reconstrucción con implantes. Según la anatomía y los objetivos de volumen, puede realizarse en una fase o en dos. Cuando la piel no dispone de suficiente aporte sanguíneo para colocar directamente el implante, se utiliza un expansor tisular que se rellena progresivamente durante unas cuatro a seis semanas antes de sustituirlo por el implante definitivo.
Esta intervención presenta particularidades respecto a un aumento mamario estético, ya que la extirpación de los tejidos puede hacer más visible el rippling del implante y aumentar el riesgo de sangrado, infección o contractura capsular. Los implantes tienen una duración media estimada de entre 15 y 17 años, por lo que pueden ser necesarias revisiones a lo largo de la vida de la paciente.
Los avances técnicos han favorecido la colocación del implante por encima del músculo, una ubicación que puede reducir el dolor y ofrecer un resultado más natural. También pueden emplearse matrices dérmicas acelulares o materiales de malla para ayudar a sostener el implante. El injerto de grasa, obtenido mediante liposucción y transferido a la mama, permite aportar volumen, disimular los bordes del implante y mejorar la simetría.
La reconstrucción no es la única posibilidad: algunas pacientes optan por no realizarla. La información sobre todas las alternativas busca facilitar una decisión compartida y dar a cada paciente mayor participación en el proceso.
Fuente: American Society of Plastic Surgeons.