Las fotografías de antes y después cumplen una función clínica además de mostrar resultados. Según Lara Devgan, MD, permiten a los cirujanos estudiar la anatomía, evaluar los resultados y revisar su propio trabajo con el tiempo, mientras que para los pacientes ayudan a conocer el estilo, la consistencia y las expectativas realistas de un profesional.
La American Society of Plastic Surgeons señala que la fotografía clínica debe mantener posiciones estandarizadas, como las vistas frontal, de perfil y de tres cuartos. La postura, la posición de la barbilla, la extensión del cuello, la rotación corporal, la iluminación y el ángulo de la cámara pueden modificar la apariencia del rostro o del cuerpo incluso sin utilizar herramientas de inteligencia artificial.
Entre los posibles indicios de edición se encuentran una textura de piel extraña, fondos deformados, sombras incoherentes, anatomías poco creíbles, líneas onduladas o pixelación alrededor del rostro y el cuerpo. Roy Kim, MD, también advierte de proporciones excesivamente simétricas o difíciles de considerar realistas.
Para valorar la autenticidad, los especialistas recomiendan comprobar que las imágenes mantengan una iluminación, ángulo, distancia de cámara, posición de la cabeza, expresión, maquillaje, peinado, escala y fondo similares. También aconsejan revisar distintos ángulos y tener en cuenta el momento en que se tomaron las fotografías, ya que un resultado a las seis semanas puede diferir del observado al año.
La revisión debe incluir el origen de las imágenes y la trayectoria del cirujano. Además de las fotografías, Lara Devgan recomienda considerar la certificación profesional, la formación, la experiencia en el procedimiento, la gestión de complicaciones y la coherencia de los resultados a lo largo del tiempo. Fuente: American Society of Plastic Surgeons.