La crisis del cuidado cutáneo en redes sociales: retos y estrategias para profesionales de la estética
Introducción
En los últimos años, las redes sociales se han convertido en un importante canal de difusión de información sobre el cuidado de la piel. Sin embargo, la proliferación de consejos poco fundamentados, la promoción de rutinas virales y la influencia de figuras no especializadas han generado una auténtica crisis en la percepción y las prácticas relacionadas con el cuidado cutáneo. Este fenómeno, conocido como “Social Media Skin Care Crisis”, fue uno de los temas centrales en el congreso SDPA Fall 2025, generando un intenso debate entre expertos en dermatología, medicina estética y profesionales del sector de la estética avanzada.
Novedad o Tratamiento
La denominada “crisis del cuidado cutáneo en redes sociales” no se refiere a un tratamiento específico, sino a un fenómeno global que afecta a la praxis profesional en clínicas médico-estéticas y centros de estética. El acceso masivo a información no filtrada y, en ocasiones, errónea, está modificando las demandas, expectativas y comportamientos de los usuarios y pacientes. Entre las tendencias más preocupantes se encuentran la adopción de rutinas cosméticas basadas en retos virales, el abuso de principios activos sin supervisión profesional como el ácido retinoico, el peróxido de benzoilo o los alfahidroxiácidos, y la compra compulsiva de productos promocionados por “influencers”.
Características Técnicas
Las características técnicas de esta problemática residen en la amplia disponibilidad de productos cosmecéuticos y aparatología estética adquiridos sin criterio profesional. Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube han popularizado el uso de dispositivos domésticos, como rodillos de microneedling o mascarillas LED de baja potencia, así como el uso combinado de activos como vitamina C, niacinamida o ácidos exfoliantes en concentraciones no siempre adecuadas. Esta tendencia, sumada a la falta de protocolos individualizados y ausencia de diagnóstico profesional, incrementa el riesgo de irritaciones, sensibilizaciones y resultados insatisfactorios.
Innovaciones respecto a modelos anteriores
A diferencia de etapas anteriores, donde la fuente principal de información era el profesional sanitario o esteticista, actualmente el cliente acude a consulta con conocimientos (o desinformación) adquiridos en redes. El fenómeno ha impulsado la aparición de nuevas estrategias de comunicación, como la generación de contenidos divulgativos por parte de clínicas y marcas líderes (ISDIN, Medik8, SkinCeuticals, Sesderma), la creación de protocolos de “desintoxicación digital” y el uso de plataformas de telemedicina para asesoramiento personalizado. Además, se observa una tendencia creciente a la regulación de la publicidad cosmética en redes y al desarrollo de campañas educativas.
Evidencia y Estudios recientes
Un estudio publicado en 2023 en el Journal of Cosmetic Dermatology (Smith et al., 2023) analizó más de 500 vídeos virales sobre rutinas de cuidado facial y concluyó que solo el 12% de los consejos ofrecidos tenían respaldo científico o coincidían con recomendaciones de sociedades dermatológicas. El estudio también evidenció un aumento del 35% en consultas por complicaciones asociadas al mal uso de productos y aparatología doméstica desde 2020. Estas cifras alertan sobre la necesidad de reforzar el papel del profesional frente a la desinformación digital.
Ventajas y Limitaciones
Aunque la democratización de la información permite que más personas se interesen por el autocuidado cutáneo, el principal riesgo radica en la generalización de rutinas inadecuadas y el uso indiscriminado de activos y dispositivos no supervisados. Para los profesionales, el reto consiste en reeducar al paciente, corregir errores y gestionar expectativas poco realistas. Como ventaja, este contexto abre la oportunidad de posicionar la consulta profesional como fuente de información fiable, diferenciando la oferta mediante protocolos personalizados, tecnología de diagnóstico avanzada (Visia, Observ 520x) y aparatología de última generación (láseres fraccionados, radiofrecuencia, HIFU).
Opinión de Expertos
Diversos referentes del sector, como la Dra. María Vicente (Clínica Dermalight, Madrid) y el Dr. Jorge Soto (perito en medicina estética), coinciden en la necesidad de un enfoque proactivo: “Es fundamental que los profesionales se formen en comunicación digital y sean capaces de contrarrestar los mitos que circulan en redes. La educación del paciente es ahora parte esencial de nuestro trabajo diario”, afirma la Dra. Vicente. Además, recomiendan revisar y actualizar los protocolos de consulta inicial, dedicando tiempo a la anamnesis cosmética y al análisis de rutinas virales que el paciente pueda estar siguiendo.
Aplicaciones prácticas en centros y clínicas de estética y medicina estética
En la práctica diaria, los centros de estética y clínicas médico-estéticas pueden implementar protocolos específicos para abordar la influencia de las redes sociales en el cuidado cutáneo. Entre las estrategias recomendadas destacan:
– Sesiones de asesoramiento personalizado para analizar y corregir rutinas virales adoptadas por el cliente.
– Uso de diagnósticos digitales avanzados para demostrar objetivamente el estado real de la piel.
– Integración de talleres y charlas educativas sobre activos, uso seguro de aparatología y desmontaje de mitos virales.
– Creación de contenidos científicos y consejos profesionales en redes sociales propias, posicionando la clínica como referente de fiabilidad.
– Formación continua del equipo sobre tendencias digitales y nuevas problemáticas asociadas.
Conclusiones
La crisis del cuidado cutáneo en redes sociales representa un desafío sin precedentes para el sector de la estética avanzada y la medicina estética. Los profesionales deben adaptarse a un contexto donde la información, muchas veces errónea, circula con gran rapidez y los clientes llegan a consulta con expectativas moldeadas por la viralidad, no por la ciencia. La clave será reforzar la formación, la comunicación y la personalización de los tratamientos, posicionando a los centros como garantes de la seguridad, la eficacia y la veracidad en el cuidado de la piel.
(Fuente: www.dermatologytimes.com)